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Instituto Galene Las Rozas – Psicólogos Las Rozas

Y tú, ¿has hecho o sufrido bullying alguna vez?

bullying

Posiblemente, si te pregunto si en algún momento de tu vida has acosado a alguna persona me respondas con un rotundo No. Así mismo, si te pregunto si crees que tus hijos son capaces de acosar, lo niegues. Sin embargo, me atrevo a decir que la mayoría de las personas, en algún momento u otro, hemos permitido el bullying, ya sea de manera activa (acosando directamente) o pasiva (mirando para otro lado). Es fundamental que asumamos nuestra responsabilidad, para contribuir a una sociedad más empática y respetuosa, en la que noticias como la de un adolescente vegano al que le tiraban trozos de carne y terminó con su vida dejen de estar a la orden del día.

¿Qué es el bullying?

Bullying es el término anglosajón para el acoso escolar. Se refiere a cualquier forma de maltrato físico y/o psicológico que recibe un niño o adolescente por parte de uno o varios de sus iguales. Es decir, que este término se usa para describir el acoso continuado en el tiempo entre niños o adolescentes.

Hay tipos de Bullying muy llamativos como las agresiones y vejaciones físicas o sexuales, pero no debemos olvidarnos del acoso más sutil, como poner motes o difundir rumores, ya que puede tener consecuencias igualmente devastadoras.

El triángulo dramático: una herramienta para entender el bullying

El triángulo dramático es un sistema desarrollado en el marco de la teoría del Análisis Transaccional. Sirve para describir cómo las personas, inconscientemente tendemos a adoptar determinados roles en nuestra interacción con los demás.

Es importante aclarar la premisa básica del Análisis Transaccional. Según esta premisa todas las personas al nacer, nos situamos en una posición de equilibrio emocional, sin infravalorarnos ni sobrevalorarnos con respecto a los demás. En otras palabras, nacemos con una autoestima sana. Son las experiencias que vamos viviendo, especialmente en la infancia, las que van configurando nuestra tendencia a situarnos preferentemente en determinadas posiciones. En función de estas experiencias, podemos adoptar las siguientes actitudes con respecto a nosotros y los demás:

  • mantener una posición realista, de autoestima sana: “Todos tenemos nuestras virtudes y defectos, pero en general puedo confiar en mi y en los demás”.
  • sobrevalorarnos, infravalorando a los demás: “Yo soy mejor que vosotros”, “Si no es por mi, no sabríais que hacer”. En el fondo, es común que estas personas se sientan poco válidas, poco capaces, etc., pero para no contactar con esa sensación la proyectan en los demás.
  • infravalorarnos, sobrevalorando a los demás: “Los demás son mejores que yo”, “Yo no valgo para nada”…
  • infravalorarnos e infravalorar a los demás: “Todos somos seres egoístas”, “No se puede confiar en nadie”…

¿Qué relación tienen estas posiciones con el triángulo dramático?

Dependiendo de nuestra manera de percibirnos a nosotros y a los demás, tenderemos a adoptar determinadas posiciones en el denominado Triángulo Dramático. De esta manera, especialmente en momentos de estrés, tendemos a situarnos en uno de los siguientes roles:

  • Perseguidor: cuando nos sobrvaloramos e infravaloramos a los demás tendemos a atacar, juzgar, criticar, culpar, humillar, sermonear, En este rol, no se tolera que los demás se comporten de una manera diferente a la que consideramos adecuada. Se espera que los demás se comporten como uno cree que tienen que comportarse.

  • Salvador: Al igual que el rol de Perseguidor, se trata de un rol de tipo parental. Surge de una posición de sobrevaloración de uno mismo e infravaloración de los demás. En este caso, la autoestima del Salvador depende de encontrar personas a quienes poder resolverle sus problemas. Ayuda sin que nadie se lo haya pedido, antepone las necesidades de los demás a las propias, etc.

  • Víctima: En este rol, tendemos a sentirnos víctimas del mundo, con poca capacidad para solucionar nuestros problemas. Sentimos que el mundo es injusto con nosotros y que necesitamos que algo o alguien nos salve. Tendemos a quejarnos constantemente, manipular tratando de provocar sentimientos de culpa, buscar excusas,  mostrarnos indefensos, etc.

Veamos un ejemplo en el que una persona pasa por los tres roles: “Carla sabe que su amiga lo está pasando mal y, sin que esta se lo haya pedido, va a su casa para tratar de animarla (Salvadora). Su amiga no responde como Clara espera y no le agradece los ánimos. Clara empieza a llamarla “desagradecida” (Perseguidora) y cuando se va de casa de su amiga se queja de lo desagradecidas que son las personas con ella (Víctima).
A continuación os dejo un video que ejemplifica muy bien juegos como el que acabo de describir.

Perseguidor y víctima: el cóctel perfecto para el bullying

Hemos escuchado a menudo que los niños o adolescentes que acosan, frecuentemente han sufrido acoso en su propia vida.

¿Por qué ocurre esto? Cuando una persona es víctima de maltrato y, más aún, si ese maltrato proviene de los propios padres, siente una indefensión tremenda. Una manera de no conectar con la tristeza y el miedo es convertirse en Perseguidor. Para no sentirse víctima y poder canalizar su rabia, estos niños y adolescentes buscan inconscientemente personas a las que perseguir. El rol de víctima y el rol de perseguidor son roles complementarios y es frecuente que ambos se atraigan inconscientemente.

Esto no quiere decir que el niño o niña víctima de Bullying no sea una víctima real. Significa, que no es una cuestión de azar o casualidad cuando se dan relaciones de maltrato. Si en alguna parte de nosotros creemos y sentimos que hay algo de malo en nosotros, seremos más propensos a embarcarnos inconscientemente relaciones en las que confirmar esto.  Si ya hemos sufrido maltrato y no hemos podido cerrar las secuelas, la probabilidad de volver a sufrirlo aumenta.

Consecuencias del Bullying

Las víctimas de Bullying pueden sufrir una serie de consecuencias que varían en gravedad. El acoso escolar afecta a todas las dimensiones de la persona. Por ello, las consecuencias afectan generalmente a su bienestar físico, emocional, conductual y social. Recomiendo ver la serie “Por 13 razones”, que muestra lo fácil que es convertirse en cómplice del acoso y lo graves que pueden ser las consecuencias para las víctimas. También os animo a leer este artículo de Guillermo Zurita sobre las consecuencias del bullying.

Algunas de las consecuencias que pueden experimentar las víctimas de Bullying son las siguientes:

  • Problemas de autoestima
  • Aislamiento
  • Mayor propensión a padecer enfermedades
  • Trastornos psicosomáticos
  • Problemas en las relaciones sociales y familiares
  • Abandono o fracaso escolar
  • Adicciones
  • Trastornos de la conducta alimentaria
  • Autolesiones
  • Mayor propensión a embarcarse en relaciones de dependencia y/o maltrato
  • Depresión
  • Ansiedad
  • Fobias
  • Estrés Postraumático
  • Tentativas de suicidio
  • Suicidio

El denominador común de todas estas consecuencias es la experiencia traumática que supone el acoso escolar.

Aunque suene paradójico, todas estas secuelas son intentos de la víctima de Bullying de manejar su sufrimiento. Por ello, siempre debemos preguntarnos qué hay detrás de estos síntomas, pues no son más que la punta del Iceberg. Es fundamental tratar estos síntomas con amor. Necesitamos pedirles permiso para que nos dejen conectar con el niño asustado, triste y enfadado al que están protegiendo.

En este artículo hablo de la importancia de la función protectora de nuestros síntomas y por qué no debemos apresurarnos en eliminarlos.

Cambiando el foco: explorando el sufrimiento que hay detrás de la patología

Quizás algunas de estas consecuencias puedan llamarnos la atención. Tendemos, por ejemplo, a asociar las adicciones y las enfermedades físicas a causas biológicas. Sin embargo, como afirma Gabor Maté, médico y terapeuta especialista en trauma y adicciones, ni las adicciones ni las enfermedades físicas (salvo algunas excepciones) están genéticamente determinadas. Según Maté, que una persona desarrolle una enfermedad grave o una adicción no es una casualidad. Hay una estrecha relación entre las experiencias traumáticas, especialmente aquellas que vivimos en la infancia y estas patologías.

Esta manera de entender las patologías supone una visión radicalmente diferente al enfoque predominante en Salud en Occidente. Implica atender a la persona en todas sus dimensiones. Este enfoque posibilita descubrir la historia que encierran los síntomas, en lugar de verlos como enemigos a combatir. Esto permite cerrar las experiencias dolorosas que hemos vivido de una manera más profunda y duradera.

 

 

¿Cómo podemos prevenir el Bullying?

  1. Darle la importancia que se merece: No quedan muy lejos los tiempos en los que el acoso estaba normalizado e incluso se consideraba que gracias a estas experiencias uno aprende a defenderse y se hace más fuerte. Por suerte, este tipo de actitudes cada vez son menos frecuentes. No obstante, es importante explorar si podemos estar transmitiendo inconscientemente nuestros propios asuntos no resueltos a los niños.
  2. Ayudar al desarrollo de una autoestima sana en los niños: Como no podemos dar lo que no tenemos, es necesario que los padres y demás educadores se hayan trabajado sus propias dificultades emocionales. Esto permite que aceptemos a los niños tal y como son, estando en sintonía con sus necesidades, lo cual les ayuda a desarrollar una autoestima sana y a respetar a sus iguales.
  3. Una torta a tiempo NO quita mucha tontería: Es fundamental que superemos esta creencia, pues no es más que una manera de perpetuar y normalizar el maltrato.
  4. Extender la educación emocional a todos los ámbitos de socialización: La prevención no sólo debe hacerse desde casa. Es necesario darle más importancia a la educación emocional en todos los ámbitos de socialización de los niños. Algunos programas pioneros, como la incorporación del Mindfulness en las aulas, están mostrando resultados prometedores.

Conclusión

En definitiva, se trata de que los adultos nos cuidemos para poder cuidar mejor de los niños. No tenemos la culpa de la educación que recibimos (cargada de heridas emocionales de nuestros antepasados), pero como adultos somos plenamente responsables de nuestro bienestar emocional. Estando más conectados con nuestras propias emociones y necesidades, podemos cultivar esta capacidad en los niños, lo cual reduce enormemente la probabilidad de convertirse en acosadores o acosados.

Si sufres, has sufrido Bullying o simplemente quieres cuidarte y aportar tu granito de arena para construir una sociedad más empática y respetuosa, en el Instituto Galene Las Rozas nos encantará acompañarte en tu proceso de crecimiento personal.