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Instituto Galene Las Rozas – Psicólogos Las Rozas

Tipos de apego en niños: causas y efectos sobre la vida adulta

tipos de apego

¿Sabías que el tipo de apego que desarrollamos en la infancia afecta profundamente a nuestras relaciones?

Las parejas y las amistades que elegimos, la relación con nuestros familiares, con nuestros jefes y compañeros de trabajo, incluso la relación que mantenemos con nosotros mismos no son producto del azar. Están profundamente relacionadas con lo que se ha denominado “tipos de apego”. Es decir, con la manera de vincularnos que aprendimos en la infancia en la relación con nuestros cuidadores principales.  

Los diferentes tipos de apego

exploracion

Para entender los diferentes tipos de apego resulta muy útil la teoría del apego de John Bowlby. Según esta teoría, los seres humanos tendemos de manera innata a querer explorar nuestro entorno. Cuando de niños nos sentimos seguros y protegidos, nuestro comportamiento innato es querer explorar. Sin embargo, cuando nos sentimos en peligro, buscamos la protección de nuestras figuras de apego principales, generalmente los padres.

Si nuestros padres están en sintonía con nuestra necesidad de protección y consiguen calmarnos, retomaremos la exploración. Esta es la base para poder desarrollar un apego seguro.

Si la respuesta de nuestros padres no es adecuada a nuestra necesidad, pueden darse diferentes bloqueos. Estos bloqueos afectan tanto al comportamiento de exploración como al de búsqueda de protección.

En resumen, cuando los padres responden adecuadamente a nuestras necesidades incorporamos que podemos explorar nuestro entorno y que podemos contar con ellos cuando necesitemos su protección.

A continuación podéis ver un video de la técnica más famosa para evaluar el estilo de apego en niños. Se trata del experimento de la situación extraña de Mary Ainsworth.

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En función de cómo reaccionan nuestros cuidadores principales a nuestras necesidades, podemos desarrollar 4 tipos de apego principales. Es importante tener en cuenta que el estilo de apego que desarrollamos en la infancia no depende de una situación puntual. Depende de la manera habitual o predominante en que nuestras necesidades son atendidas. No porque en una ocasión concreta nuestros padres no hayan calmado nuestro miedo dejamos de tener un apego seguro. Es la ausencia repetida de una respuesta adecuada a nuestras necesidades la que causa problemas.

Tipos de apego principales

  • Apego seguro: si experimentamos cariño, protección y, en general, una respuesta adecuada a nuestras necesidades por parte de nuestras figuras de apego principales, aprendemos a confiar en nosotros y en los demás. Los niños con un apego seguro expresan angustia cuando se separan de su figura de apego, pero se sienten seguros para explorar libremente y muestran entusiasmo cuando su cuidador/a vuelve.

  • Apego ansioso: ocurre cuando nuestros cuidadores principales sólo están disponibles física y afectivamente en algunas ocasiones y/o se muestran sobreprotectores. Aumenta la probabilidad de que experimentemos un miedo intenso a separarnos de ellos y a explorar el mundo. Al no confiar en que cuando lo necesitemos estarán ahí para protegernos, inteligentemente evitamos separarnos y explorar. Los niños con un apego ansioso se inquietan mucho con la separación y muestran cierto rechazo al contacto cuando se vuelven a reunir con su figura de apego principal.

apego-ansioso

  • Apego evitativo: cuando de manera sistemática nuestras necesidades físicas y/o emocionales son desatendidas, sentimos un profundo abandono. Esto impide que podamos confiar. Ante la expectativa de poder ser abandonados de nuevo, optamos por no comunicar nuestras necesidades y aislarnos. Los niños con un apego evitativo muestran poca angustia ante la separación y tienden a evitar a la figura de apego cuando vuelve.

apego-evitativo

  • Apego desorganizado: cuando la respuesta de nuestras figuras de apego principales no sigue un patrón predecible o incluso resulta atemorizante, desarrollamos una manera confusa de relacionarnos. Los cuidadores principales suelen mostrarse incongruentes de manera sistemática, en función de sus propios cambios emocionales. Se da una situación paradójica. Las personas que son responsables de calmarnos, son también la fuente de miedo de la que estamos buscando ser protegidos. Nuestra manera de adaptarnos a esta desorientación, es realizar comportamientos de los tres tipos de apego anteriores. Sin embargo, se dan sin un orden coherente, además de tender a disociarnos. Los niños con un apego desorganizado tienden a quedarse inmóviles cuando se reúnen con su cuidador principal. En otras ocasiones se acercan para luego separarse abruptamente.

apego-desorganizado

¿Cómo afecta el estilo de apego que desarrollamos en la infancia a nuestra vida adulta?

Como dije al principio, las relaciones que elegimos y cómo éstas se desarrollan no es una cuestión de azar. Aquello que vivimos en la infancia en nuestras primeras relaciones marca profundamente nuestra manera de relacionarnos cuando somos adultos.

Así, si hemos desarrollado un apego seguro, tendemos a establecer vínculos de confianza e intimidad más satisfactorios y saludables. Sin embargo, cuando nuestro apego no es seguro, tendemos a involucrarnos inconscientemente en relaciones menos saludables.

Veamos el tipo de relaciones que se tienden a establecer en función de los otros 3 tipos de apego.

Relaciones de personas con apego ansioso

La creencia profunda de estas personas es: “Yo sólo/a no puedo, necesito a alguien que se haga cargo de mis necesidades”.

Al no confiar en que van a ser reconfortadas cuando lo necesiten, estas personas tienden a establecer relaciones de dependencia.

En la infancia, sus necesidades eran atendidas a veces sí y a veces no. Por ello, estas personas experimentan una angustia tremenda ante la posibilidad de la separación. Además, frecuentemente han sido sobreprotegidas. Por tanto, no han podido interiorizar una confianza suficiente en sí mismas ni en los demás. Esto les dificulta enormemente el poder separarse sin experimentar un miedo muy intenso.

Hay un miedo al abandono tan fuerte, que es común que las personas con un estilo de apego ansioso prefieran relaciones que les hacen daño (incluso relaciones de maltrato), antes que estar solas. Necesitan que estén constantemente pendientes de ellas. Sin embargo, esta atención generalmente nunca llega a ser suficiente, ya que la herida emocional infantil no está cerrada.

Relaciones de personas con apego evitativo

La creencia básica de estas personas es: “No puedo confiar en los demás, así que prefiero estar sólo/a”.

Estas personas suelen preferir pasar tiempo solas o tener relaciones que no sean demasiado íntimas.

Hay un miedo muy grande a la intimidad, ya que en la infancia vivieron mucho abandono. En el fondo, podría decirse que hay un miedo profundo al abandono. Una manera de no conectar con ese miedo y evitar revivir ese trauma es no vincularse de manera íntima.

Es frecuente, que las personas con un apego ansioso y las personas con un apego evitativo se atraigan. Lógicamente esto da lugar a muchos conflictos, que llamamos juegos psicológicos. En este caso, los juegos suelen girar en torno a la sensación de la persona ansiosa de no sentirse suficientemente atendida. A su vez, la persona evitativa siente que no puede disponer del espacio que necesita. Cuanto más demanda la persona ansiosa, más angustia siente la persona evitativa y más distancia necesita. Esto, lleva a la persona ansiosa a conectar con su profundo miedo al abandono.

En este artículo hablo de los juegos que se producen en las relaciones abusivas e incluyo un video que explica muy bien lo que son los juegos psicológicos. 

Relaciones de personas con apego desorganizado

Las personas con un apego desorganizado, suelen ser personas con una fuerte inestabilidad emocional, desapegadas, con dificultad para confiar y relacionarse con otras personas.

No olvidemos que estas personas han vivido negligencias muy importantes e incluso situaciones atemorizantes en sus primeras relaciones. No han podido interiorizar un modelo de relaciones sanas, ya que frecuentemente han vivido maltrato físico y/o emocional.

Tampoco han podido aprender a regular sus propias emociones. Aprendemos a regular nuestras emociones primero gracias a una regulación externa. Ésta, es ejercida por nuestras figuras de apego principales. Posteriormente esto nos permite aprender a gestionar nuestras emociones. Las personas con un apego desorganizado, no han podido contar con esta fuente externa de cariño, tranquilidad y protección.

Como podéis imaginaros, esto dificulta enormemente la capacidad para establecer relaciones de confianza e intimidad, saludables para la persona.

Otras consecuencias relacionadas con el apego desorganizado:

  • Trastornos disociaivos

  • Baja autoestima

  • Trastornos de la atención (TDA y TDAH)

  • Problemas de conducta

  • Trastornos de ansiedad

  • Trastornos obsesivos

  • Depresión 

  • Pasividad o impulsividad

Conclusión

Como habéis podido ver, tenemos dos necesidades muy importantes en la infancia: la necesidad de explorar la necesidad de reconfortamiento. 

Para que se desarrolle el estilo de apego más saludable, el apego seguro, es necesario que de niños experimentemos:

  1. permiso para explorar

  2. que nuestros cuidadores principales confían en nosotros y nos permitan explorar sin sobreprotegernos

  3. que cuando nos sintamos inseguros podamos acudir a ellos para calmarnos

Cuando no se cumplen las condiciones anteriores, podemos adaptarnos de diferentes maneras, lo cual da lugar a los otros 3 tipos de apego: ansioso, evitativo desorganizado. 

El estilo de apego que desarrollamos en la infancia tiene una influencia muy importante en nuestra manera de relacionarnos en la vida adulta. Cuanto más seguro nuestro apego, más satisfactorias y saludables son las relaciones que establecemos.

Así que os animo a todos y a todas a explorar vuestro estilo de apego y a resolver aquello que os esté llevando a repetir patrones que tuvisteis que aprender en la infancia y que os causan problemas en vuestra vida actual.